Introducción

Un nuevo otoño. A pesar de los desastres ecológicos que ha causado la mano del hombre en la naturaleza, todavía las estaciones se siguen marcando. Esta constancia en la naturaleza es algo que me maravilla, sobre todo cuando veo cómo las obras de los seres humanos son tan cambiantes e inestables. La estación del otoño tiene algunas lecciones acerca de nuestra relación con Dios. Veamos:

1. El otoño es tiempo de renovación.

Romanos 12: 2 “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta”.

Esta es la temporada del año cuando las hojas de algunos árboles se caen y las de otros cambian de color.

Nosotros también, necesitamos en ocasiones dejar que algunas cosas viejas se desprendan de nuestra vida (hábitos dañinos, malas costumbres, murmuración, avaricia, orgullo, etc.) y mueran.

En otras ocasiones, necesitamos cambiar el color de nuestra vida. Dar lugar a cosas nuevas, a un nuevo ministerio, a nuevas experiencias. Esta es la temporada del año para abrirnos a un nuevo mover de Dios, que Él nos renueve, nos cambie, haga morir en nosotros las hojas secas de nuestra vida y nos prepare, después del invierno, para una nueva primavera espiritual.

2. El otoño es tiempo de sentir el viento fresco del espíritu de Dios.

Juan 3: 8 “El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu”.

En estos días vamos a comenzar a sentir un descenso en la temperatura. El aire comenzará a soplar más fresco y sentiremos la necesidad de ir poniéndonos ropa más abrigada. También en nuestra vida espiritual este es un tiempo para dejar que el soplo fresco de Dios inunde nuestras vidas y nos renueve.

Este es un tiempo para buscar a Dios en ayuno y oración. Un tiempo de que Dios nos de una nueva palabra que nos sirva de inspiración y traiga el gozo del Espíritu Santo sobre nosotros.

3. El otoño es tiempo de cosecha.

Juan 4: 35-38

Muchas plantas y productos se cosechan durante estos meses. En toda Argentina. Para nosotros los cristianos, estos próximos tres meses deben ser también tiempo de una gran cosecha de almas. Que el Señor nos permita recoger una gran cosecha como resultado de nuestro ayuno e intercesión por ellos.

Conclusión. El otoño nos habla de renovación, cambio de temperatura y cosecha. Dejemos que el Espíritu de Dios nos renueve, nos de una nueva brisa nueva y nos haga producir mucho fruto para su gloria. ¡Hagamos de los próximos tres meses, el otoño más hermoso de nuestras vidas!